domingo, 21 de agosto de 2016

Triturar valores

¿Valores a la basura?

La Guerra No Convencional busca destruir a través de la desmoralización al enemigo, persigue golpear el ímpetu defensivo del contrincante sin acciones violentas formales, pero sobre todo apunta a pervertir el orden social existente en el país objetivo para que así sea viable el cambio de autoridades que “reponga el orden y la normalidad”.

Todo está vinculado con las percepciones que las masas tienen sobre la circunstancia adversa que viven. Más aún, dicha circunstancia crítica da pie para que el marco de referencia conductual de cada individuo se desdibuje, privilegiando el bienestar personal por encima del colectivo. La política y lo público caen en el olvido y parece que alguien gritara cada segundo “¡sálvese quien pueda!”

A través de diferentes tácticas se bombardea la siquis pero sobre todo la guerra económica impacta en la zona de confort de los habitantes de nuestro territorio. En nuestra sociedad de consumo, donde el consumo se ha convertido en un fin en si mismo, se entorpece el eje de la cotidianidad al afectar la dinámica que caracteriza la compra de alimentos y artículos de consumo masivo. No existe certidumbre y lo más básico para la existencia no está garantizado, bien sea real o perceptivamente.

De esta manera se pervierte la sociedad porque cada quien persigue un propósito particular antes que colectivo para garantizar la subsistencia propia. Las normas y leyes son pisoteadas con “justificación”. Las excusas y argumentos que dan validez a conductas amorales predominan en el ambiente. Muchos se dejan llevar por la corrupción, la deshonestidad, el pillaje, la viveza criolla y adoptan en su cotidianidad maneras de actuar propias de la élite económica que a través del malandraje, saqueo y la explotación han tenido sumida en el atraso a nuestra Venezuela durante décadas.


El ser civilizados, ser un pueblo consciente y formar una ciudadanía ejemplar se convierte quizá en anhelo de unos pocos. Los valores y principios son triturados por la dureza de los acontecimientos, en una sociedad sin socios. Se olvida el bien común y cada quien recuerda todos sus derechos, mientras los deberes caen víctima de la amnesia selectiva de gran parte de la masa. Sin embargo, muchos otro resisten el embate de la adversidad y se mantienen firmes en sus valores, sus principios y se aferran a la ética. ¿En cuál lado queremos estar?

jueves, 14 de julio de 2016

¿Revocatorio por 24?

¿Gobernabilidad?

Las guerras se ganan con base en el engaño, y no hay mayor engaño que aquello que permite distraer al enemigo mientras se le da el zarpazo que lo llevará a la derrota. En la política venezolana, el conflicto no es armado pero sí presenta flancos de ataque, tácticas y sobre todo fuerzas contendientes que luchan por el poder: chavismo y oposición.

El Gobierno Bolivariano es víctima de un asedio en 360° o de amplio espectro, que lo hace enfocar sus energías en repeler todos aquellos fenómenos que confluyen para desplazarlo del poder en la figura del Ejecutivo Nacional. La oposición obtuvo una victoria contundente el pasado 6 de diciembre que, a nivel pragmático, no ha significado mucho dado su limitado accionar conspirativo desde el poder Legislativo por la articulación institucional de los otros poderes en particular el Judicial.

Sin embargo, las circunstancias que le dieron la victoria a la derecha hace poco más de seis meses siguen estando latentes y se han ido agravando. La guerra económica aún luce sus fenómenos más representativos: especulación desmedida, desabastecimiento y colas. No se evidencia en la calle una mejora del panorama y el pueblo venezolano sigue sufriendo las consecuencias adversas de una dinámica comercial intoxicada por factores internos y externos.

Hoy en la palestra tenemos también el tema del referendo revocatorio, táctica política que la derecha usa para mantener el acecho contra el presidente de la República, Nicolás Maduro. Esta acción distraccionista, luce como un banderín que ondea vigorosamente advirtiendo la mayor amenaza contra el proceso revolucionario iniciado por el Comandante Hugo Chávez, pero debemos recordar bien que muchas veces las cosas no son lo que aparentan.

Para diciembre de este año 2016 están pautadas las elecciones regionales, evento que abre la posibilidad real de que las fuerzas de derecha amplíen su radio de acción desde instancias de poder político gubernamental. Los estudios de opinión afirman que si el chavismo va a una elección hoy, perdería contundentemente repitiéndose algo muy similar a lo del pasado diciembre. ¿Acaso el chavismo se ha planteado el escenario de perder el poder político en la mayoría de gobernaciones en el próximo proceso electoral? ¿Habría gobernabilidad desde el Ejecutivo con la mayoría de regiones en contra? ¿No sería la derrota mayoritaria en los estados del país una especie de revocatorio multiplicado por 24?

miércoles, 13 de julio de 2016

No es guarimba, es saqueo

¿Hambre de licor?

Seguimos padeciendo una Guerra No Convencional que cambia de tácticas pero con el mismo fin: sacar al chavismo del Poder Ejecutivo para asaltar el erario público y saquear a sus anchas nuestra patria. Como parte de la táctica de guerra sicológica, en el año 2014 sufrimos varios meses de angustia virtual dado el trabajo sistematizado y profesional de los laboratorios encargados de la guerra comunicacional en las redes sociales para proyectar las guarimbas.

Hoy en el 2016, dos años después del fallido intento, se repite el mismo patrón comunicacional. Las informaciones fluyen irresponsablemente por las redes sociales, por medios electrónicos, por la prensa corrupta que persigue el mismo fin y muchas veces por periodistas tarifados e irresponsables que sienten afecto hacia la derecha. Ahora se pretende imponer que en Venezuela hay una situación de hambruna generalizada, lo que obviamente genera la percepción tanto adentro como afuera de “Estado fallido”.

Lo curioso de esto son los términos usados, la narrativa aplicada y la argumentación periodística que intenta darle solidez a la propaganda electrónica. Si hay una larga cola de compradores en las afueras de un establecimiento, la foto leyenda afirma “situación irregular en el supermercado x”. Si en la imagen se observa un desorden, inmediatamente el hecho se califica como “conato de saqueo en...”. Si ha habido algún tipo de violencia que se represente visualmente ya se pasa a describir diciendo “saqueo en el establecimiento tal”. Luego de las leyendas, viene inmediatamente el juicio tendencioso “el pueblo tiene hambre”.

En Caracas se movilizan numerosos motorizados llevando camarógrafos “independientes” que, con mucho tino y equipados con cámaras de alta resolución, siempre convergen con exactitud a la hora de generarse algún hecho susceptible de enmarcarse en esta narrativa del caos. Inmediatamente, vemos por Internet la excelente cobertura y materiales audiovisuales que se ponen a la disponibilidad de fuentes informativas de derecha que trabajan para la desestabilización. Una orquesta muy bien coordinada que con seguridad es financiada con mucho dinero.

En comunicación política lo importante no es lo que sucede, sino lo que la gente cree que sucede. ¿Hambruna, caos, saqueos masivos, población hambrienta, Estado fallido? Todo eso es fabricable a través de las redes sociales y para eso trabaja la derecha.

viernes, 8 de julio de 2016

Dallas balas

"Cacería de negros"

Un parque industrial belicista y armamentista, guiado por la codicia una élite que solo persigue el lucro y aumento de la ganancia a costa de la venta de artefactos que matan a seres humanos ha hecho de Estados Unidos un territorio muy parecido a un polvorín. Tiroteos masivos, masacres colectivas, asesinatos en serie son fenómenos característicos de una sociedad donde las armas fluyen libremente en todos los estratos sociales.

La ecuación muestra también una mediocracia cuyo eje discursivo impone la idea de estar viviendo en una selva de concreto donde se impone la ley del más fuerte. La violencia y la muerte se imponen mediáticamente, azuzando indirectamente a una población oprimida por el control social que la industria cultural de masas ejecuta de facto. Hay una población “controlada” pero también altamente armada.

Ahora bien, en un mundo donde el caos es regla es normal que en sociedades altamente racistas como la estadounidense surjan fenómenos que distan de lo proyectado por las élites que dominan la escena. Si a eso le sumamos altas dosis de injusticia social, pues estamos en presencia de una nación volátil. Los lazos que simulan mantener el orden en la interacción social se vuelven cada vez más frágiles. El país más “avanzado” tecnológicamente, es pragmáticamente el más atrasado en materia de derechos civiles.

De nada vale la apariencia de igualdad que brinda un presidente negro al frente de una potencia, si en el territorio que “gobierna” sus conciudadanos de color son cazados como animales por las fuerzas de seguridad. El país de la estatua de la Libertad nos muestra que tras bastidores son lo más parecido a una sociedad esclavista.

El hecho que francotiradores en Dallas hayan neutralizado a policías del Estado totalitario capitalista revela que el orden interno se desmorona. La autoridad ilegítima de una élite opresora y racista es cuestionada, es retada y es relevada de su cargo. La justicia surge de la mano del pueblo, quien toma las armas para darle el lugar que corresponde a los afroamericanos que han sido traicionados por un sistema que está al servicio de los ricos y de los blancos.

El sanduche

Pan rojo y pan azul

Los panes que conforman las partes externas del sanduche, fueron electos a través de los votos para que ocuparan esa posición en la composición del platillo. Los ingredientes de relleno, son aquellos que ejercen su derecho al sufragio para que, al elegir el tipo de pan, se puedan solventar muchas de las necesidades que viven diariamente.

Como era de esperarse, los dos panes se detestan a muerte y luchan constantemente para desplazar al otro del plato. Uno de los panes, que tiene un color bastante cálido, tiene más de una década formando parte del sanduche porque el relleno así lo ha querido en reiteradas oportunidades. A lo largo del tiempo, este pan carmesí se ha aferrado a su rol como muro de contención culinario que impide el relleno se desborde.

El otro pan, está hecho con ingredientes distintos. Luce más frío pero, a fin de cuentas, es un pan. Tiene muy poco tiempo formando parte del ensamblaje nutricional, pero con la particularidad que su propósito es totalmente distinto al de su pan adversario: busca por todos los medios disponibles sacar del juego al contrincante, inclusive sin importarle la destrucción total del plato.

El relleno, obviamente, está en el medio de los dos panes. Sufre el estrés de las ambiciones de los dos extremos quienes lo aprisionan para que, por simple física, se genere una repercusión que incomode al adversario. El relleno entonces pasa a ser, en vez del eje que le aporta el gusto especial al sanduche, el medio a través del cual ambas parcialidades ejecutan sus ataques.

El relleno es escudo y espada al mismo tiempo. Los panes desvirtúan su rol protector del relleno por lo que éste, al verse en medio de una pugna desmedida, se siente desvalido e indefenso. Poco a poco, día a día, el contenido del sanduche empieza a perder confianza en los otros integrantes del platillo porque le son extraños. Dado que nadie escucha y la rencilla prevalece, el relleno se observa cansado y obstinado por las actitudes tan intransigentes.

Lo peor de todo esto, es que los panes hacen caso omiso a las solicitudes y necesidades del relleno y continúan su terca marcha hacia un destino incierto. El contenido central del plato ya no siente compromiso con ninguno de los dos panes, no siente empatía y se cuestiona reiteradamente el continuar siendo cómplice de una situación que en nada le favorece. ¿Qué hacemos? ¿Nos comemos el sanduche?

martes, 10 de mayo de 2016

"La víctima soy yo"

Pobrecitos


Millones de bolívares y dólares pagados a canales foráneos para transmitir propaganda que humaniza la marca Polar es lo que sucede, pero el inocente televidente únicamente ve una publicidad que afianza la idea de que Venezuela es Polar y de que Polar es Venezuela. En una de ellas hasta usan a un bebé para que con ternura entendamos que el magnate de los alimentos es benevolente.

En la Autopista Regional del Centro, a la altura de Valencia, hay una valla de Polar donde vemos a una bella mujer de piel morena, con una bandeja llena de cocadas en la cabeza, sonriendo ante la cámara. La imagen está acompañada por el texto “Me le planto a la vida”. Los que pasan y ven esa obra maestra de propaganda intuirán que Polar y los vendedores ambulantes de productos en las autopistas defienden los mismos intereses, que son prácticamente lo mismo.

Las entradas de los centros de acopio y distribución de Polar en varios estados del país están cerradas, repletas de pancartas y avisos que anuncian lo maluco que es el gobierno que no deja “trabajar” a esta empresa. Es más, salen trabajadores desclasados a defender a su patrono, pidiendo dólares baratos a Cencoex para seguir produciendo lo que no se consigue desde hace meses en los anaqueles. Mientras tanto, el dueño de la empresa está en el listado de los más ricos de Forbes por su mil millonaria fortuna en dólares.

Vemos infinidad de camiones de Polar con gigantografías en vinil, herramienta publicitaria bastante costosa, con textos que afirman “este camión va vacío porque el gobierno decidió quitarle la materia prima a Polar. Pero sigue lleno de ganas y esfuerzo”. Una empresa que tiene más de 75 años haciendo fortuna, formando parte de un oligopolio, dominando el sector de alimentos del país durante décadas, no tiene materia prima propia. Se deduce que no son productores, sino simples empaquetadores y revendedores.

En internet hay cientos de fotografías de Lorenzo Mendoza en infinidad de situaciones y circunstancias, causa suspicacia que nadie en Venezuela lo haya visto comiéndose una arepa de su tan “valoradamarca. Mucho menos, vemos alguna imagen de él degustando su “sabroso, sano y venezolano” producto.

Productos sin regulación, como la margarina y la mayonesa, desaparecen del mercado por semanas sin explicación alguna. Si alguien le increpa a Mendoza su accionar subversivo y criminal, asegurará como siempre “la víctima soy yo”.